martes, 27 de junio de 2017

Mediterráneo

"(...)El que quiera conocer la historia del mundo debe mirar el mar en una noche de tormenta(...)" 


De muchas tertulias con amigos y con familia, en especial con mis hijos: Jorge Alfredo y Alexandra Sofía, quienes, a pesar de su novísima juventud, empiezan a desarrollar un apetito por la cultura y la historia; de sus consejos, por ser las personas que más me alientan para que escriba, nace la idea de este tercer blog. Me entusiasma compartir con los lectores, temas tan diversos como simples de la sociedad pretérita, presente y futura que nos aloja. Alguna comida o quizá un dato curioso en torno al origen de las palabras, un lugar, un recuerdo, cosas que como consecuencia del ritmo desenfrenado que hoy llevamos, se pierden en la inmensa superficialidad a la cual nos hemos sometido. 

Se denominará "LACHAM CURIOSO" y persigue incluir: sin ningún orden, sin método y como siempre en mis ideas, sin pretensión alguna, los temas que se "cuelan" en las comidas o en medio de un café con los amigos o simplemente en una reunión familiar de esas muchas, en que se comparte el conocimiento de páginas y más paginas de libros, de revistas, de cientos de publicaciones, que nos empalagan el espíritu, resultando reconfortantes y duraderas frente a la trivialidad de lo material, de lo absurdo, en fin pequeñas cosas, pero profundamente relevantes.

Apareció una tarde, salió de la nada, como aparece todo hoy en las redes sociales, el conmovedor video de Joan Manuel Serrat, donde el cantante español encoge el espíritu, pero también lo ilumina en este acto de fé y de ver y oír con el corazón, como diría Alfredo Serra escribiendo para Infobae.

Los primeros instantes son bucólicos. Al aire libre, en día sereno y soleado, y en bellísimo parque, unos músicos elevan al cielo los acordes de Mediterráneo rodeados de público. Parece el preludio de una pequeña y alegre fiesta. De pronto, es cierto, otras imágenes se entremeten: Tristes, ajenas, intrusas, como si fueran un error de edición. Y cuando Joan Manuel Serrat, ese catalán universal que tanto agrandó nuestras almas, se recorta contra el celeste mar, esperamos el inolvidable comienzo:


"Quizás porque mi niñez sigue jugando en tu playa / y escondido tras las cañas duerme mi primer amor / llevo tu luz y tu olor por dondequiera que vaya". Pero la pequeña fiesta se desvanece. Hay suspenso. Serrat no sonríe, y entonces las imágenes tristes, ajenas, intrusas, se imponen, y el enigma se aclara. No sonríe, está allí por lo que también dice su letra: "En la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno / que han vertido en ti cien pueblos  de Algeciras a Estambul".


Ruega para que su mar no sea una enorme fosa, un vasto e invisible cementerio de tantos que lo cruzan apostando su última carta a vida o muerte. Está allí por los que sufren, por los desesperados, por el hambre y la sed de los que huyen de la guerra de sus países en barcas atestadas, en frágiles botes, y por todo el horror que simbolizó el cuerpo de aquel pequeño muerto en la playa, y cuya foto recorrió el planeta entero. Es decir, el caos, la amenaza, el atroz plan de hundirlo todo en sus entrañas.

Lo que Serrat teme. Lo que ya está haciendo su Mediterráno aún sin tormenta. Lo que ya le hizo a las quince mil almas que yacen en su fondo.


Han pasado 45 años desde el lanzamiento de Mediterráneo, uno de los mayores logros de Joan Manuel Serrat. La canción no sólo no ha pasado de moda, sino que el cantautor la ha dotado ahora de un nuevo significado al dedicársela a las personas que cruzan el mar en busca de una vida mejor. Su primera versión, la de 1971 fue el octavo álbum de Serrat, su catapulta al éxito la llamo así: Mediterráneo cuyo tema central es un homenaje al legendario mar. Su obra, influenciada por Benedetti y Antonio Machado, lo han clasificado como uno de los pioneros de lo que se dio en llamar la 'Nova Cansó catalana', la cual desarrollará como miembro de Eli Setze Jutges, un grupo de cantantes en su lengua que tenía como referente a la 'chanson francesa' (con exponentes como Jacques Brel, Georges Brassens o Léo Ferré, entre otros), y que defendieron la lengua catalana durante la dictadura franquista.

La escuché por primera vez teniendo unos 14 años, en compañía de mi primo Jorge Abril Muñoz (QEPD), a quien la música de Serrat habia atrapado por aquellos días, Entonces la repasábamos una y otra vez abordo de un Fíat 128 Miriafiori, testigo del total sentimiento que Mediterráneo generaba en su alma, muchas veces con los ojos encharcados por lágrimas, las notas profundas de las canciones del cantautor catalán evocaron momentos vividos frente a las aguas del 'Mare Nostrum', como lo llamaron los romanos.

Cualquier tarde de domingo de regreso a casa, la escuchamos, en versión moderna, a coro y finísimamente reproducida por la fidelidad de la tecnología digital aplicada a la música. Con la misma fuerza con que 45 años atrás atrapo a Jorge, mis hijos la interpretan y entonces la magia de sus notas también nos invade y luego de algunas lágrimas y del profundo silencio que la prosigue reflexiono, pienso y veo pasar la vida: la mía, la de mis hijos, la de todos, la de Serrat, la de Jorge, el amigo, el maestro que ya se marchó y no puedo ocultar la tristeza que producen miles y miles de desplazados, de abandonados, de huérfanos, de viudas, sometidos a la cruel violencia de la cual son apenas víctimas. Ellos deben rezar como en la canción de Serrat:

"Que le voy hacer si yo nací en el Mediterráneo"




Luis Alfredo Chaparro Muñoz.

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